domingo, 17 de julio de 2011

Hoy y aquí, no.

-¡GRÍTALE AL MUNDO!
-No puedo, apenas abro los labios, mi voz se confunde con el susurro del viento.
-No seas débil ni ingenuo. Eres tú. ¡GRITA!
-Por favor, no me grites tú a mí. Ya te he dicho que no puedo. Me da vergüenza.
-¿Vergüenza? Pues iban a tener razón y eres débil de verdad.
-Aquí no puedo gritar, necesito irme, empezar de cero y gritar sin miedo.
-Estúpido ignorante. Sé valiente y grita aquí.
-¿Valiente? ¡Ni se te ocurra volverme a decir lo que tengo que hacer! Seré débil, pero aún tengo la capacidad de controlar mi propia debilidad. Vete.

Y la debilidad se fue cabizbaja, sinceramente preocupada por él [esta vez parecía peor que las anteriores], ya que él seguía batiéndose con su interior en un mar de oscuridad, negación, remordimientos, miedo y odio así mismo.

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